El código civil Común y posteriormente el Catalán siguiendo la tradición jurídica continental, limitaron en su redacción la libertad detestar al testador impidiéndole disponer para después de su muerte de una parte importante de su patrimonio, que forzosamente ha de reservar a aquellos que la ley dice. En Cataluña es una cuarta parte y se denomina Legítima.

La realidad social y familiar de hoy es muy distinta a la que existía cuando se redactó esta norma, que tiene su origen en época visigoda. A finales del siglo 19, cuando se promulgó el  código civil común, la familia estaba concebida como una comunidad institucional de vida, que respondía a una realidad cohesionada de relaciones continuas, y en la mayoría de los casos, vitalicias. La realidad social hoy es distinta, ya que los hijos quieren independencia y autonomía, y las personas mayores en muchos casos no tienen otra opción que vivir en soledad y a veces sin asistencia afectiva ni económica. Ya sean los dos cónyuges, o ya uno solo de ellos. Entonces habrá que preguntarse qué sentido tiene limitar la libertad de testar para que se pueda dejar los bienes a las personas que a juicio del testador le han atendido o querido, a las personas que en definitiva se considera merecedoras de los mismos.

Considero que debe ser reconocido por ley, como derecho ínsito al derecho de propiedad, la facultad de disponer de la misma sin limitación, y como medio para realizar un proyecto de vida.  Cualquier limitación debe ir precedida por una función social jerárquicamente superior a  la libertad de disponer como podría ser la protección a la familia. Es entonces cuando me cuestiono la necesidad de esta reserva de bienes a la familia,  cuando ese concepto de familia ya no existe, o se ha debilitado, y ya no hay relación de convivencia, de colaboración, de amor. Así, en los casos en los que los hijos no quieran mantener relaciones afectivas con sus padres, no tienen porqué hacerlo, sin embargo la ley les asegura expectativas económicas al margen de su esfuerzo, de su comportamiento, y de su cariño.

En  la generalidad de los casos, los padres cumplen su proyecto vital dotando a los hijos de protección durante la minoría de edad, de alimentación en sentido amplio, y de medios suficientes para que éstos sean independientes. Una vez cumplida esta función, mi propuesta, de lege ferenda, es la de  actualizar nuestro sistema sucesorio que establezca para las personas la libertad total de disposición del patrimonio que ellos y sólo ellos han conseguido con su propio esfuerzo.