Llamamos vulgarmente herederos voluntarios a los que uno designa en su testamento, o en otro documento ad hoc, precisamente así: de manera voluntaria. En defecto de éstos, ya sea porque no hay testamento o porque los designados en él no han querido o podido heredar, hay que determinar quiénes son los herederos, que se llamarían herederos legales precisamente por eso: porque es la ley los que lo determina. El orden de suceder en este caso varía según cual sea la ley sucesoria aplicable, y en Cataluña es distinta.       Este orden de suceder es un orden de preferencia y es excluyente, en el sentido de que existiendo el/los primeros, ya no se llamaría a los siguientes y se quedaría la totalidad de la herencia en el/los primer/os llamado/s. Así, en Cataluña son llamados en primer lugar los hijos, en segundo lugar el cónyuge o pareja de hecho, en tercer lugar los ascendientes, en cuarto lugar los hermanos y familiares hasta el cuarto grado, y en último lugar la Generalitat. No obstante lo anterior, si juntamente con los hijos concurre el cóyuge viudo, tendrá derecho al usufructo universal de la herencia, quien podrá conmutarlo por una cuarta parte de la herencia y además el usufructo de la vivienda habitual.

         De todo lo anterior se deduce la crucial importancia de hacer testamento, lo cual se acentúa en caso de que no haya una buena relación entre todos o algunos de los hijos, o en caso de existir hijos de más de una relación ya que adjudicarse los bienes según ley, cualquier actuación sobre los bienes hereditarios pasa por el consenso de todos los intervinientes.

Me preguntan dos lectores por los siguientes casos.-

         En uno el difunto no hizo testamento y reconoció, en el lecho de muerte, que tenía un hijo fruto de una relación pasajera, y al que no veía desde hace 20 años, y quien, coincidiendo con el sepelio del dicho causante, se le ocurrió “aparecer” y preguntar por lo suyo. En el otro, el causante hizo testamento ante párroco hace 20 años nombrando heredera a su madre, quien le había premuerto, y no dijo nada más. No tenía ningún familiar vivo y estaba soltero, solo un íntimo amigo de la niñez a quien le prometió de palabra dejarle todo cuando se fuera, y no lo hizo por falta de capacidad. En las dos herencias las cuantías son muy considerables. En la primera, no les queda más remedio que “hermanarse” con el hermanastro, y en la segunda que lidiar con la Generalitat en una curiosa escenificación de la escena Bíblica de David contra Goliat.

Todo se hubiera arreglado de manera más justa y equilibrada, con un testamento a tiempo y ante Notario.